Nacho Jaula es un seísmo de movimiento continuo, un artista poliédrico de facetas diversas, todas ellas con un eslabón en común: la búsqueda de un sonido más allá de una gran montaña.

El proyecto Chalana nace de otra sacudida propia del artista, un movimiento más dinámico si cabe desde donde se lanzan cientos de ideas que se hacen forma, física y sonora, a través de sus discos, como este Coleccionista de lluvias.

Chalana recolecta recuerdos y memorias en forma de apuntes al natural para confeccionar las canciones que forman este disco remedo de cajón de sastre – musical, se entiende – donde campan trances jazzísticos de pespuntes post-rock (Biblia y cocaína, Mi beso muere en tu orilla), sonidos pertenecientes a un soundtrack de un ficticio anime de culto dentro de décadas (Microdrama, Ayer, Ni guerras ni galaxias), ecos de una infancia diluida por los años pero que se aferra a una memoria de melodías infantiles y nanas hipnóticas (Trenes rotos, El hombre de arena se perdió en el desierto) o maquinaciones industriales de una sociedad al borde del óxido (Si me reencarno en un árbol, ahórcate en mi, Suelta las serpientes de tu boca 2).

Todo ello sin olvidar el poso contemporáneo de un músico que mira al pasado sin vergüenza y valentía – Ardiendo podría ser un precioso homenaje al Brian Eno en su etapa pop de los años setenta -.

El conjunto de las canciones que forman Coleccionista de lluvias confiere a la obra un aire de resumen del lado “chalanesco” de Nacho Jaula pero que, en la profundidad de la escucha y disfrute, es claro ejemplo del work in progress de un artista sísmico, de un coleccionista de sonidos.

Canción Miau! Miau!: “Biblia y cocaína”

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