un repaso a 2025por buenatarde
Cada año desde que tengo uso de razón -o, al menos, desde que habito el ágora de internet donde personajes de diverso pelaje intercambiamos opiniones- se repite un ciclo cuando llegan estas fechas: aparecen lanzamientos que se quedaron en el tintero el año anterior ante la premura de lanzar las listas de “lo mejor” cuanto antes, se reivindica a una estrella del pop mainstream anteriormente vilipendiada porque ahora es cool, se elige un disco absolutamente oblicuo que polariza a la gente pero acaba formando parte de nuestro ethos, aparecen propuestas cuyo único fin es epatar, se dice que vuelven las guitarras, que vuelven los sintes, que vuelven las canciones sin estructura, las canciones canónicas…
Y no os voy a engañar, aun configurando esta lista como un “diario” más que cualquier otra cosa, he acabado componiéndola con canciones que entran en lo descrito anteriormente. Pero no es para menos – al final toda persona que forme parte del entramado sociocultural interesado en leer las listas de NME, Pitchfork o Rough Trade no busca sorpresas si no, más bien, ratificar su gusto y, por ende, el canon occidental. Vemos los primeros puestos por la curiosidad de ver quién se alza “vencedor” y con qué justificación; luego exploramos y recordamos discos que salieron este año pero ante la avalancha de lanzamientos habíamos olvidado (como, en mi caso, Perfume Genius o Japanese Breakfast) y, cuando se es músico, se miran las listas nacionales para ver dónde salen tus amigos y tu música. Y hasta el año que viene. Pero, ¿acaso no es divertido formar parte del juego?
A continuación viene una particular selección cuyas primeras canciones no buscan la revolución si no el ratificar lo evidente: ha sido un buen año para el rock gracias a Geese, para el pop gracias a Lorde y su vuelta a las sonoridades de Melodrama, para el R&B más refinado con la vuelta de Blood Orange o para la electrónica más ambiental gracias a propuestas como la de Oneohtrix Point Never – quien aparece por partida doble con Tranquilizer y la banda sonora de Marty Supreme (firmada como Daniel Lopatin) más cercana a Vangelis, los 80’s y la escolástica electrónica –.
A partir de aquí tenemos propuestas que he rescatado de una playlist mayor en la que he ido recopilando aquellas que, a lo largo de este 2025, me han dejado la suficiente huella como para volver tiempo después a ellas y me sirven para esbozar un diario de mis intereses estos días – un año que, viendo apariciones de Smerz, HAAi, Dijon, Colin Self o Bby Eco, ha estado bañando por cierto cariz sensual, pero también por la electrónica progresiva de Orkun A y Yawning Portal, el pop electrónico de Cut Copy, Ninajirachi o Sophie Stel, el toque de guitarras de Ethel Cain (más slowcore), Horsegirl (más rock) o Racing Mount Pleasant (todo lo anterior) o las propuestas nacionales de amigos y conocidos como Pequeño Mal, El Marido Ideal, Borque, Minimal Schlager o de quien firma esto: Buenatarde.
En definitiva, una playlist que ratifica el momento presente pero que quizá, y solo quizá, pueda aportar algún descubrimiento a quien lea esta web. Disfrutad.



